18.9.16

New York by Anne Lukin

El domingo pasado, me llevaron a New York.
Me despertaron hacia las cinco, porque fuimos en coche, y había unas cuatro horas de camino hasta allá.
Conforme nos alejábamos más de casa, y nos acercábamos más a New York, mi nerviosismo aumentaba cada minuto. Desde pequeña había soñado con ir a aquella gran ciudad, que en tantas películas salía, que tantas veces era mencionada... Y ahora que estaba a unas pocas horas de verla, de andar entre sus rascacielos, fui consciente de la suerte que tenía.
Por fin divisé a lo lejos las siluetas de los altos edificios, y cuanto más nos acercábamos mejor los distinguía. Mi madre americana me señalaba algunos de los rascacielos, diciéndome su nombre o lo más destacable sobre ellos. 
Pasamos por encima del río, por el puente de George Washington y aparcamos a las afueras de la ciudad. Como era domingo, no tuvimos que pagar parking. Pero se me ha olvidado contar que aquel domingo, no fue uno cualquiera. Aquel alucinante domingo para mí, también fue el quince aniversario del 11S, para todo Estados Unidos. Muchos de los monumentos importantes y calles estaban cortadas debido a aquello, así que, tuvimos que movernos gran parte en metro. Y fue allí, en el metro, donde me di cuenta de la gran diversidad de personas que había en New York. Allí convivían juntos asiáticos, sudafricanos, americanos, latinos. Todos tan diferentes y tan parecidos, conviviendo juntos, respetándose.

Una vez llegamos al centro, vimos la sede del ballet de New York y también la ópera, y cuando acabamos cogimos uno de aquellos famosísimos taxis amarillos para que nos llevara por entre las largas avenidas. Comimos un enorme trozo de pizza y fuimos al Central Park, una especie de isla en medio de aquel gran océano de altos edificios, coches y carreteras. Había carros de caballos que paseaban a los turistas por el parque, niños andando en bici, adultos haciendo Tai Chi, corriendo, sacando al perro, durmiendo, o simplemente paseando. La gente se echaba en la hierba respirando aquel aire más limpio de lo que lo estaba en el resto de la ciudad.
Como no teníamos mucho tiempo, en media hora tuvimos que dejar Central Park, y volver a cojer un taxi que nos llevara a otros sitios famosos.
Vi todo tipo de tiendas lujosas, muchos hoteles de Donald Trump, mucha gente, muchos coches, muchos vendedores ambulantes, y puestos de comida rápida. A parte de de contrastes entre las personas, también vi que había contrastes entre los edificios. Podía haber un novísimo rascacielos junto a una vieja iglesia.
Y cuando finalmente llegamos a Times Square, me sentí rodeada de la esencia de New York. Realmente era como en las películas. Todo pantallas, todo imágenes, todo color.
Hicimos algunas compras, para nosotras, para la familia y amigos, y cuando acabamos volvimos a cojer el metro hacía el coche. Anochecía, y auque estabamos un poco tristes por tener que dejar tan pronto New York, nos montamos en el coche y pusimos rumbo hacia Maryland, hacia casa. Otras cuatro horas de vuelta. Y cuando ya habíamos dejado la ciudad, volvimos a ver la silueta de New York, todo luces. Y en medio, donde quince años atrás estuvieron las torres gemelas, se alzaba un rayo de luz hacia el cielo, parte de la conmemoración de lo que pasó.
Y entonces fue cuando supe que nunca olvidaría aquel día en New York ni las personas que lo habían hecho posible. 

El 11 s

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